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Loja tiene características muy especiales
que le dan una propia identidad, es una región de la patria
ecuatoriana donde el desafío permanente de una naturaleza
agreste y dura ha forjado un tipo de hombre abierto a la
solidaridad, a la creatividad cultural y a la lucha
solidaria por la supervivencia y el progreso; ser extranjero
o forastero casi constituye un privilegio, la hospitalidad y
cordialidad del lojano resalta y enaltece sus mejores
tradiciones.
La provincia de Loja se ha distinguido en
todos los tiempos por una definida vocación por la música de
sus habitantes y por cultivar el género musical, entre
hombres y mujeres de todos los estratos sociales. De esta
manera, podemos concluir que la música es para el lojano un
lenguaje, una forma de expresión natural, profundamente
ligada a su existencia. De todas las tradiciones o fiestas
culturales, la más conocida es la que se vive con la llegada
de la Imagen de la Virgen del Cisne a la ciudad de Loja, la
rutinaria fisonomía de la urbe se transforma en un ambiente
festivo, alegre y optimista. Es algo así como, cuando una
madre regresa al hogar luego de mucho tiempo de ausencia.
Sus hijos no la abandonan un instante, sino que anhelan
vivir junto al ser querido y añorado con intensidad
existencial y entrañable.
El camino al hogar, a la oficina, al
colegio, el camino a cualquier parte pasa por la Iglesia
Catedral. Allí, la Reina Coronada de El Cisne recibe el
tributo filial de sus devotos y prodiga a todos su
protección.
De todas partes del país y del Norte del
Perú nuestra ciudad recibe una gran e inusual afluencia de
fieles y turistas que vienen a ella con el único objetivo de
visitar y rendirle culto a la taumaturga imagen. Mención
especial nos merece la presencia de miles de azuayos en
nuestra ciudad. En la práctica, son "los morlacos" quienes
revisten de colorido las noches septembrinas de la Feria con
la quema de chisporroteantes y piramidales castillos, juegos
artificiales y policromados e inflados globos en envidiable
viaje a las estrellas.
De manera paralela a las celebraciones
religiosas se desarrolla una intensa actividad comercial
protagonizada por lojanos, turistas nacionales y
extranjeros. Es la ocasión para que la multifacética
actividad de los lojanos se manifieste ante propios y
extraños en toda su potencialidad y virtualidades.
El arte musical, las artes plásticas en
su diversidad de técnicas, las artesanías industriales
tecnificadas y tradicionales tienen una presencia alentadora
y llena de promesas. En la Feria de Septiembre, los lojanos
constatan el potencial económico de un pueblo que, a pesar
del abandono y de la postergación en la que vive, ha
aprendido a luchar y a convivir con una naturaleza adversa,
acrisolando un espíritu de indeclinable tesón, tal es el
caso de la producción agropecuaria y agroindustrial que,
enraizada en una ancestral tradición, se manifiestan aún
recias y robustas esperando días de redención científica y
tecnológica, sin jamás doblegar su esperanza, tradición
contumaz de la Feria, es la presencia de los clásicos
bocadillos oriundos de diversos lugares del cantón Paltas,
de manera preferente, tales como San Antonio, San Vicente
del Río, Las Cochas, El Pico, Olmedo, Buena Vista,
Chaguarpamba, hoy Cantón; y Yamana, entre otros. |