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Diego Luzuriaga

Compositor lojano, Diego Luzuriaga,  formado en Quito, Paris y Nueva York, y reconocido internacionalmente desde hace mas de 10 anos. Sus composiciones han sido interpretadas por orquestas sinfonicas famosas, en Europa, Japon, Estados Unidos, Canada, etc. Entre sus grandes obras se encuentran "Resurreccion de Quito" y la opera recien estrenada en el Teatro Sucre de Quito, "Manuela y Bolivar."


La primera ópera nacional está dedicada a Manuela
11/9/2006

Redacción Cultura

Una ópera, igual que una novela para un escritor,  no es una obra ordinaria, es un trozo de la vida de su creador. En Ecuador, una ópera  ha sido, además, una osadía artística mayúscula. Una aspiración trunca. Un sueño. Una ópera desafía toda la infraestructura escénica de cualquier  país. Su montaje necesita esfuerzos  técnico, artístico y económico gigantescos.

Sendas óperas han sido escritas por insignes compositores como Sixto María Durán y Luis Humberto Salgado, pero nunca han sido representadas. Óperas de grandes como Mozart, Puccini, Rossini, Verdi... se han representado varias veces  en el país, mucho más en los últimos tres años gracias al trabajo de la Fundación Teatro Nacional Sucre.

Las presentaciones
Desde el 13 al 17 de noviembre, a las 20:30,  se presentará la obra en el Teatro Sucre de Quito. Las  entradas cuestan USD 20, 40, 60  y 80.
En la producción  participan la Orquesta Sinfónica  Nacional, el Ballet Humanizarte, los coros Ciudad de Quito y  Provincia de Pichincha.
Más de 300 personas han trabajado en la obra que ha costado, en total, alrededor de USD  400 000. El teatro   hará un video para la difusión hacia el exterior.

Pero  una ópera totalmente hecha en el Ecuador nunca se ha visto. Ni siquiera se pensaba hace poco. Solo  fue realmente concebible hace dos años cuando  Julio Bueno, director del Teatro,  y Javier Andrade, director escénico, se pusieron en contacto con Diego Luzuriaga para encargarle la osadía de componer  una gran pieza sobre Manuela Sáenz y Simón Bolívar.

Así empezó todo: “Me encantó la idea desde el principio. Yo pensé que me tomaría un año. Pero fueron dos. Desde  septiembre del 2004 no he parado un solo día”, sonríe con nerviosismo mientras indica un voluminoso anillado con el libreto. Se   arrellana en la butaca del palco y su gesto tiene algo de padre que  espera ansioso fuera de una maternidad.

Hace dos horas se ha bajado del avión (vive en Estados Unidos) y es la primera vez que va a ver un ensayo completo, con vestuario y música. Y, como quien se aferra a una idea, abraza el libreto. Hay una música épica que  retumba emotivamente en las paredes del teatro. Al frente, en el escenario, Manuela Sáenz (Vanessa Lamar) y Bolívar (Marlon Valverde)  se debaten contra el hado que   ha fraguado la traición contra el héroe.
Los violines,  los chelos y las voces del  Coro de la Provincia de Pichincha, se deshacen en una canción fúnebre, el patetismo anega el espíritu y hace un nudo en la garganta. “Ahí es cuando muere Bolívar”,  Luzuriaga mira la escena con satisfacción, con el deleite de un relojero que echa a funcionar un mecanismo complejo.

Desde que compuso una cantanta  dedicada a Quito, Luzuriaga quedó fascinado con el personaje de Manuela. Tanto, que la obra al principio solo se llamaba ‘Manuela’, pero “su destino se mezclaba tan íntimamente con Bolívar que al final decidí  cambiar el título. Pero ¿realmente la vida de la heroína funciona para una historia épica? ¿y más cuando es la primera ópera del país? “La valentía de Manuela, su inteligencia, su  fuerza espiritual, sin Bolívar no hubieran crecido hasta el punto en que lo hicieron. Y Bolívar no hubiera sido el mismo sin ella”.  

Durante esos dos años, el músico leyó cuanta biografía cayó en sus manos (más de cuatro)  y armó  una trama apegada estrictamente a la historia. Se tomó ligeras licencias argumentales, pero todo ha quedado tal cual. Las voces se apagan y solo quedan los bajos que  entonan el coro: “Ha muerto Bolívar, ha muerto Bolíiiiivar”. Luzuriaga también canta quedito, emocionado. “Solo en julio ensayé en piano con los cantantes. Es emocionante verlo todo junto”.

Es cierto, el patetismo de la música y la virtud espiritual  de las voces remueven algo dentro del alma, algo que grita y  se estremece.  Algo que se exalta y se extasía, que reflexiona como aquel que se ve en el espejo y se ve otro, nuevo,  renovado. “Precisamente, no quise  hacer una ópera al estilo de Wagner o Verdi. Es que soy ecuatoriano y he puesto pasillos, aires típicos, sanjuanitos, merengues venezolanos. Hay mucha farra, jaja”.


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Diego Luzuriaga ahora compone canciones de las leyendas de Quito
8/20/2004


Las fábulas de Quito ahora llegan en sonidos. El compositor ecuatoriano Diego Luzuriaga transformó las aventuras del Padre Almeida y los lamentos del cucurucho de San Agustín en canciones.
Sus creaciones se escucharán esta noche, a las 19:30, en la cantata “Quito mítico”, en el Teatro Nacional de la CCE.

Son 13 canciones cuyo hilo conductor estará en las vivencias del héroe Quitumbe, personaje que, según varios relatos, es el fundador de la  Quitu aborigen. Con él, la obra avanza argumentalmente desde los días precolombinos hasta la capital de los años sesenta.

En el plano musical, Luzuriaga tejió su cantata con varios géneros, esencialmente andinos. Están, por ejemplo, el huayno, el danzante, el saltashpa y el sanjuanito. Y todo esto complementado por pasillos y valses, lo cual deja una sensación de ensoñación y nostalgia para los temas abordados.

La Banda Sinfónica Metropolitana, la Orquesta de Instrumentos Andinos, el Ensamble de Guitarras, el Coro Mixto Ciudad de Quito y el Octeto Vocal Kantart, en un total de 110 músicos, interpretarán los trabajos de Luzuriaga.

En el segmento dramático de la cantata participará el actor y director teatral Patricio Vallejo, fundador del grupo Contraelviento, con una representación del mítico Quitumbe.

El Padre Almeida, La casa 1028, El gallo de la Catedral, Mariangula, El cucurucho de San Agustín y Quitumbe fundador serán las leyendas musicalizadas. Aunque el autor también ha decidido incluir a personajes históricos, cuyas hazañas “no han sido menos legendarias”.

Entonces aparecerán los años de Pacha, la astucia de Cantuña, el talento de Caspicara, los ideales de Manuela Cañizares, la pasión de Manuelita Sáenz por Simón Bolívar y el glamour de La Torera.

“Ana Bermeo ni va triste ni va lenta/ tiene en su cartera la llave del paraíso,/ los niños la siguen con los trompos y cometas/ pues siempre brilla el sol en su paraguas y en su anillo”, dice la canción que Luzuriaga le dedica a esta mujer.

Diego Luzuriaga vive y crea en EE.UU. Su anterior obra sobre la ciudad se llama “La resurrección de Quito”.

El dato

La presentación es hoy, a las 19:30, en el Teatro Nacional de la CCE. Con entrada libre.


Programa de mano

Los músicos 110 intérpretes de la Banda Sinfónica Metropolitana, la Orquesta de Instrumentos Andinos, el Ensamble de Guitarras, el Coro Mixto Ciudad de Quito y el Octeto Vocal Kantart. Ellos trabajaron un mes para la obra.

La creación Es una cantata de 52 minutos de duración, compuesta por 13 canciones. Los personajes de las leyendas y la historia de Quito son el pretexto de las letras.

 


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La obra de Luzuriaga se estrena en Canadá
1/9/2004

Quito.

El “Cuarteto Latinoamericano”, de Mexico junto al flautista canadiense Robert Aitken estenaran una nueva obra del mùsico y compositor ecuatoriano Diego Luzuriaga.

Se trata de una obra para flauta y cuarteto de cuerdas llamada “Yaraví y Yumbo”. 

La obra nació como  un encargo de la “New Music Concerts”, una institucion canadience que promueve la nueva musica internacional.  

Dentro del programa hay también obras de Bocherini, y de Ginastera.   El concieto se realizara el domingo 11 de de enero a las 20:00 en la galeria musical de San Jorge el Martir, en Toronto.

Por otro lado, el flautista Robert Langevin, que toca primera flauta en la orquesta filarmonica de Nueva York  tambien ha programado la interpretación de misma obra, “Yaraví y Yumbo”, a ser tocada junto al cuarteto de cuerdas  canadiense “Claudel” de Montreal, en dos conciertos: el 23 de abril y el 11 de mayo del presente año en Montreal.

Luzuriaga trabaja en los Estados Unidos y su obra musical se ha presentado en varios países, incluyendo a  Canadá, Japón y Alemania.


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40 artistas festejan las glorias de Quito
9/9/2003

Quito

El Domingo de Gloria anterior, los quiteños celebraron "La resurección de Quito", una obra musical de Diego Luzuriaga que incluyó procesión por las calles del centro capitalino. Ese trabajo ahora motiva la obra "Quito eterno".

Esta presentación reúne a 40 artistas en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura. Los momentos gloriosos de la capital serán recreados en un espectáculo que combina música, danza, teatro y videoarte.
Habrá dos presentaciones. Hoy, a partir de las 20:00, para invitados especiales, y el jueves, a la misma hora, para público en general.

La composición se divide en 18 actos en los cuales se conjugan historia y leyenda. La veta indígena cruza  la obra. Y se repasan también los días de la conquista, los de la independencia, las revoluciones republicanas con Alfaro y Velasco y los sueños del presente con respeto a la ciudad.

Peky Andino, actor, director y dramaturgo, está al frente de la velada. La coordinación musical es del compositor Diego Luzuriaga y la coreográfica de Kléver Viera. Participan 10 músicos, 15 cantantes líricos, los actores Víctor Gallegos y Susana Nicolalde y bailarines del Ballet Ecuatoriano de Cámara y el Frente de Danza.

La música en la noche alternará con la lectura de varias poesías seleccionadas por el dramaturgo Luis Miguel Campos. Hay textos de César Dávila Andrade y Jorge Enrique Adoum, entre otros, alusivos a los orígenes de la Nación.

De esta manera continúa el programa de celebración por los 25 años de la declaratoria de Quito como  Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Una creación de aires épicos

El compositor Diego Luzuriaga comenta que "Quito eterno" es una versión amplificada de la obra "La resurrección de Quito".

Su carácter épico se sustenta en una fuerte sección de percusión. Pero los matices dramáticos de la creación llegarán con flautas piccolo. Como contrapuntos estarán un violín y varias guitarras.

"Cuando escribí la música y las canciones de esta obra -menciona Luzuriaga-, a menudo venían a mi mente las plazas, las esquinas, las viejas puertas y todos esos  espacios maravillosos del centro donde yo imaginaba las acciones y los momentos históricos de nuestra ciudad".

Así, en el espectáculo estarán caracterizados indígenas, mestizos y blancos; Espejo, Alfaro y Tránsito Amaguaña; el poder, la resistencia y los antihéroes de Quito.

Programa de mano

La composición
Son 18 temas musicales, cantados e instrumentales, sobre la historia y las leyendas de Quito.

Los directores de la obra
Peky Andino, Diego Luzuriaga, Wilson Haro, Kléver Viera y Luis Miguel Campos.

El registro
La versión original de "La resurección de Quito" se presentará en CD en el III Festival de Música Sacra.


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La ciudad vivió una noche de gloria
4/22/2003

El Domingo de Pascua se estrenó ´La Resurrección de Quito´. La obra de radio teatro, coros y banda de pueblo cerró el II Festival de Música Sacra. 500 personas apreciaron el trabajo.

Venus salvó la noche de la ciudad. Su resplandor calmó la tempestad y difuminó las nubes hasta volverlas un terciopelo púrpura. El astro brillaba, puntual a las 19:00, sobre la llama de la libertad, en la Plaza de la Independencia. Y abajo, medio millar de quiteños era feliz en "La Resurección de Quito", la procesión donde la música y el radio teatro rescataron los momentos de gloria de la capital.

"Se obró el milagro y ésta es la resurrección de Quito". El compositor Diego Luzuriaga, autor del trabajo, susurró estas palabras cuando la lluvia dejó de caer. Así dio la orden para iniciar las ejecuciones.

Entonces cien personas afinaron el oído. Percusionistas, campaneros, coristas, danzantes y sonidistas dejaron fluir las añoranzas de un Quito heroico, en el relato que una abuela confiaba a su nieto. Ese fue el tema del radio teatro y se escuchó en San Francisco, Santo Domingo y la Independencia. 

Luego, un indio pregonero, con bombo y pífano, abrió una caravana que partió de la primera plaza y paseó por la Bolívar, la Guayaquil y la Chile. Tras él siguieron cholas, pendoneros, siete cucuruchos, cuatro almas y un Cristo calzando un par de Timberland. Eran los integrantes de Jacchigua.

Jaime Tumbaco, una de las "almitas penitentes", terminó con cuello de acero por cargar el bonete de madera y tela, de cinco metros de alto, que caracteriza a su personaje. "Este peso bien vale la pena, con tal de rescatar nuestra tradición. Una procesión así solo se ve en Cotopaxi", dijo, mientras se agachaba para no hacer cortocircuito, en los cables del trole de la Guayaquil.

Varios vecinos de Santo Domingo salieron con chales y velas a recibir a los procesantes. Entre ellos, un trío de ancianas paraba la oreja para escuchar la música sacra y el radio teatro. Pero los chillidos del karaoke de la esquina, con la "Melina" de Sesto a todo volumen, no dieron tregua.

La marcha continuó toreando a buses y carros. Un patrullero y un pelotón de grises oficiales fueron escoltas. Y la Banda de la Policía no se cansó de ofrecer las sombrías notas de "El Gólgota". El elenco de Conocoto le hizo contrapunto con vientos más emotivos.

Cuando el desfile alcanzó la Independencia, un leve recuerdo del 21 de enero o del 5 de febrero sopló en el sitio, por la multitud reunida.

Allí, la conjunción del radio teatro, la percusión, los coros y las campanas logró un sonido épico similar al de la obertura "1812" de Tchaikovsky. En ese instante, el argumento de "La Resurrección de Quito" contaba las gestas de la ciudad y entre tantas voces una descolló: "¡Sin amilanarse!, ¡sin a-mi-la-narseee...! Eso es revolución: amor al progreso...". Era el Loco Velasco.

Andrés Carrera, Pablo Valarezo, Jimmy Baca y Patricio Villamar, en el atrio de la Catedral, agitaban sus brazos como alas de abeja en las sesiones finales de la percusión. Y el tenor Juan Borja, encargado de una campana de San Francisco, sacaba bíceps colgado del cordel que movía el badajo.

Luzuriaga miraba hacia un Carondelet de luces apagadas, vacío, y sonreía. Y Julio Bueno, director del Festival de Música Sacra, soltaba partituras y descargaba un aliento placentero  al concluir la ejecución.

En eso, un cielo calidoscópico, con pirotecnia azul, roja y verde, y decenas de palomas agitadas sellaban la euforia de "La Resurección de Quito".

"Oh, Santa Madre del Cielo, qué colorido", gritaba el fraile Julio Jaramillo, al salir de su convento francisco para ver a un "Quito de gloria, más vivo que nunca". Junto a él, dos grupos de mendigos marcaban sus espacios a botellazos.

Pasadas las 20:30, la gente enfiló sus carros hacia el norte. Venus seguía brillando, pero ahora para los dueños del centro nocturno, parias e indigentes que salían de sus guetos a escenificar, en sus dramas, las mil caras de Quito. 


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